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domingo, 14 de abril de 2013

A propósito de "El Negociador" (1998) Entrevista con un experto

PREGUNTA 1.

Creo que una primera imagen que uno tiene respecto de la negociación para la liberación de rehenes proviene de Hollywood. ¿Que és y en que consiste la negociación para liberación de rehenes?

Bien. En primer lugar gracias por esta entrevista y un saludo cordial a los seguidores de tu blog.
Si. Efectivamente en el conocimiento popular está esa imagen de película sobre este tema, pero si de películas bien elaboradas hablamos, tal vez no diste mucho de la realidad. 
De hecho hay un par de films que suelo utilizar en mis clases para tratar de ilustrar a mis alumnos en la universidad sobre algunos detalles técnicos del proceso de negociación y los aspectos tácticos. Claro que sólo un pasaje de cada una, porque el resto obviamente trata de hechos cinematográficos que deben seguir un buen guión para venderse como tales. De hecho las considero películas muy buenas y que han sido realizadas con el asesoramiento de expertos en el tema, sin duda, Hablo de: “Metro” (O El Negociador en español) con Eddie Murphy y “El Mediador” con Samuel L. Jackson. Otra película que recomiendo es “Hombre en Llamas” con Denzel Washington, pero esta se refiere específicamente a los secuestros extorsivos, que es otro tema totalmente distinto.
La negociación con rehenes en realidad no existe, ya que la negociación no se hace con ellos. El término adecuado es “Negociación para la liberación de rehenes” pues de eso se trata. Consiste en aplicar técnicas persuasivas para evitar enfrentamientos armados y se lleva a cabo en una diversidad de hechos tales como tomas de rehenes, atrincheramiento de sospechosos armados o peligrosos, intentos de suicidios, etc. Es decir cualquier evento que pueda ser negociado y de naturaleza tal, que una solución por el uso de la fuerza, implica mayores riesgos que las posibilidades de éxito. La idea central de la aplicación de esta doctrina consiste en liberar a los rehenes o solucionar los episodios con el menor riesgo de vidas posibles, tanto los rehenes, la policía y los propios causadores de la crisis.
Pero creo oportuno señalar, que a pesar del concepto que el común de la gente tiene por aceptado, en un a crisis de éste tipo, el negociador es solo una pequeña parte (importante por cierto) de un equipo multidisciplinario que trabaja al logro de estos fines: Salvar vidas.
No podemos pensar en un negociador aislado, que por sus propios medios intenta convencer a las personas a deponer una actitud o rendirse a las autoridades. Eso es impensable. Hay todo un conjunto de personas que deben “necesariamente” estar presentes desde elementos tácticos altamente capacitados, personal de inteligencia, asesores, psicólogos, psiquiatras, inclusive personas especializadas en el manejo de la prensa. El negociador es la figura más visible en estos casos, pero todos tienen una importancia fundamental en el proceso de solución. Por eso prefiero siempre hablar de equipo de negociación que de un negociador aislado.
PREGUNTA 2
Sin lugar a dudas es una situación de mucha tensión. Por un lado el delicuente exigente, por el otro efectivos policiales apostados  y los rehenes en el medio. ¿Como es la relación de bilateralidad entre el negociador y los delincuentes?

Sin dudas son episodios trágicos, calificados como crisis de alto y altísimo riesgo, donde una solución por el uso de la fuerza implica de suyo un 70% de que algo va a salir mal, incluso cuando las acciones son ejecutadas por elementos tácticos capacitados. Tomemos por ejemplo el caso de la toma de rehenes en Munich en 1974, y otros miles de casos que han terminado trágicamente. Pues ese grado de peligrosidad está siempre presente en cualquier crisis de este tipo. Cualquier error puede conducir a una tragedia.
La relación bilateral se establece a través de una serie de artilugios tácticos que posibilitan el diálogo entre las partes. Por un lado pensemos que el delincuente tiene todo el control sobre la situación, y la policía no sabe si por alguna razón pueda matar una persona, ya sea que tiene problemas psicológicos, por su propia personalidad violenta, porque tiene miedo y no sabe lo que hace o porque piensa que tiene el poder sobre la vida de otros. Por otro lado pensemos que la gente cree que la responsabilidad sobre la vida de esa o esas personas es exclusivamente de la policía, sin entender que es el delincuente el que tiene esa decisión en sus manos y no la policía. A eso sumemos que intentar un rescate por la fuerza, ya dijimos, tiene un 70% de posibilidades de fracaso, la solución negociada se nos presenta entonces como la mejor alternativa.
El punto no está tanto en el diálogo inicial, sino en lograr que ese poder pase paulatinamente a una situación de equilibrio, y esto se logra en primer lugar bajando la tensión, para lo cual se aplican algunas técnicas como el aislamiento de los delincuentes, permitirles que descarguen su frustración verbalmente, pero también demostrándoles que las fuerzas de la ley están en una posición táctica favorable para ellas tanto en calidad como en cantidad.
Logrado este proceso inicial de disminuir la tensión recién inicia la negociación propiamente dicha, ya posicionados en una situación de virtual equilibrio, lo que permite hacer razonar a los delincuentes mejor, puesto que en situaciones de tensión nadie piensa bien.
De ahí en más comienza el proceso de negociación que tiene algunas aristas muy particulares y que guardan algunas similitudes con la disciplina de la “mediación” tal como la conocemos actualmente.
Las particularidades que la hacen distinta es que en la mediación actúa un tercero neutral, pero en éste caso el negociador “no lo es”, aunque debe hacerle creer al sospechoso que es así, inclusive que está de su lado, puesto que uno de los propósitos principales se centra en tratar de ayudarlo a salir bien de ésta situación.
En una negociación pura, ambas partes regatean, aquí el negociador no, sino que actúa haciéndose pasar por intermediario entre el sospechoso y las autoridades; y ello le posibilita ganar tiempo para, supuestamente, ir y venir a consultar las demandas.
El paso del tiempo es un factor fundamental, puesto que permite tomar decisiones adecuadas y no apresuradas, ayuda a disminuir la tensión y también a preparar un plan de acción llegado el caso.
En suma el negociador debe aparecer como un sujeto confiable para el sospechoso y dispuesto a ayudarlo a salir a través de sus propias decisiones del problema en que está, sin forzar la situación. Una persona que le dice al sospechoso que debe entregarse no está negociando, lo está forzando y lógicamente la respuesta será una total intransigencia de parte de éste. Ese es un error común que se comete en muchos casos.

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